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CRÓNICAS DE LA TIERRA SIN MAL

2017

Hoy camino a paso ligero, entre muros de cemento, excentro en la inconformidad de mi ser. Hoy es un día común y corriente, la desintegración de tu cuerpo me lleva a lo lejos. Sin razón alguna el cielo se pierde en el silencio ajeno de ese tiempo caído. Las palabras se acaban, me enfrento al vacío. Soy la que busca, soy la que espera. En el vacío difuso voy andando a paso ligero, grita, grita, la soledad del caminante.


Hoy en día, al sentir que la sociedad juzga tanto, uno por temor se guarda muchas cosas, y el cuerpo al ser tan hermético, puede enfermar. Si cada quien tiene y busca su propio ritual de liberación, es posible pensar al proceso artístico como uno. Entonces, pensar a la pintura como extensión del cuerpo, pensar a la acción misma como un ritual por el cual debo pasar. Comienza desde yo en el presente con esa carga pasada, la elección de ciertos materiales que son el cemento, arena, fraguas, agua y cola, usar las manos y pies como herramientas. El sentir el material en mis manos, las texturas, me evocan ciertos recuerdos, encontrar-sentir y habitar ese presente, cada material me pide al más. La pintura se vuelve el reflejo de una experiencia, ese encuentro entre la obra y yo, la acción misma, de explorar en la acción . De crear ese desierto de lo real, ese desierto de lo vivido. La impotencia de no poder hacer nada estando tan cerca. Y aquí estoy, tratando de construir las leyendas de esos mapas personales.

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Dejarme caer en el vació, hundiendo mi polvo, mi cuerpo se expande, susurran las heridas de mi piel. Cada pieza es un momento distinto, en el que se va construyendo los paisajes internos de lo vivido, dejando que mi cuerpo hable.

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